Si yo tuviera una terraza estaría llena de luz y color. Desayunaría viendo amanecer mientras organizara mi día.
A media mañana compartiría confidencias y charlas de esas que arreglan el mundo y estrechan lazos.
No importaría lo pequeña que fuera. Todos los espacios pueden aprovecharse. Con una silla, una mesa y plantitas haría maravillas.
Si yo tuviera una terraza, sería mi lugar de inspiración. Me llevaría el trabajo cuando me faltaran las ideas y dejaría volar la mente allá donde fuera. Un espacio equilibrado y tranquilo donde estar a gusto.
Tendríamos un huerto y nos mancharíamos de tierra. Nuestras propias hierbas aromáticas para los cocinillas de la casa.
La merienda, en familia. Y a seguir jugando mientras el tiempo lo permitiera.
Si yo tuviera una terraza, invitaría a mis amigos. Cena, música, buena compañía y esas charlas de antaño.
Y cuando se fueran, retomaríamos la intimidad de pareja. Tranquilos y cansados, pero felices.
Si yo tuviera una terraza miraría las estrellas cada noche y seguiría soñando.








